¿Le tememos a nuestros hijos?

Cecilia Arévalo Fundamentos para la Vida en Familia 4 Comentarios

¡Claro que no!… ¿Qué clase de pregunta es esa?
Es una pregunta que se me ha ocurrido después de ver algunas situaciones con las que me he topado.

Hace algunos años, cuando organizaba actividades para jóvenes, algunos padres se me acercaban para pedirme que hablara con sus hijos. Ellos me decían: -“Platica tú con mi hijo porque a mi no me hace caso”- y como esa era una frase que yo escuchaba frecuentemente pensé que era lo normal. Que llegaba un momento en la vida entre padre e hijo en que se perdía toda comunicación profunda y habría que buscar otros recursos para que un joven o un adolescente escuchara consejo.

¿En donde perdimos ese vinculo? ¿Qué hicimos para que desapareciera? Cuando eran pequeños no querían apartarse de sus padres y ¡ahora no quieren estar en el mismo lugar juntos! ¿Quién cambió, ellos o sus padres?

Indudablemente en algún punto del desarrollo se fueron apartando los caminos y creo saber por qué…

A veces les tememos a nuestros propios hijos…
Tememos su rechazo, a tener discusiones, a que hagan berrinches, a que nos pongan en ridículo y cosas como esas.

Mostramos temor cada vez que…

1. Cedemos nuestra autoridad:

Cada vez que decimos: – “Hijo, ponte en paz porque ahí viene el policía y te va a regañar”- estamos cediendo TODA nuestra autoridad a alguien completamente ajeno a la familia, o , -“si no te portas bien le voy a decir a tu papá para que te regañe”- en lugar de resolverlo tu misma en ese momento. “No pases por la sección de juguetes porque va a querer uno y va a hacer un tremendo berrinche”, “No te toques ahí porque te van a salir granos en las manos”, “Pórtate bien para que Santa Claus te traiga lo que quieres”, “No le digas que se murió su tortuga porque se va a traumar” y un sin fin de frases como estas que lo único que muestran es que somos tan débiles y tenemos tan pobre identidad de padres que le sacamos la vuelta a las dificultades creyendo que así nos va a ir mejor. Les mentimos, los manipulamos, los llenamos de temores infundados y después de los años, cuando se dan cuenta que les hemos mentido y que la vida funciona de otra manera ya es demasiado tarde para que sigan confiando en nosotros. Los perdimos.

2. Les ocultamos situaciones de nuestra vida:

Tenemos tanto miedo de que nuestros hijos cometan los mismos errores que nosotros cometimos que les ocultamos nuestros fracasos y los disfrazamos de victorias pensando que les será de inspiración en su vida. Hay padres que esconden sus registros escolares para que sus hijos no vean sus malas calificaciones y así no tengan pretexto para no querer aprender. Construyen sobre cimientos débiles. Les hacen pensar a sus hijos que la vida nunca los pondrá en una disyuntiva. Les importa tanto proyectar una imagen de padres ejemplares que se olvidan de ser genuinos y que esa genuinidad es la que verdaderamente aporta al proyecto ¡no la hipocresía! Nunca les contamos nuestros fracasos económicos, amorosos o laborales pensando que así los vamos a salvar de ellos cuando en realidad es ahí a donde los estamos llevando porque la verdad es que tus hijos se parecen tanto a ti que si no les avisas a tiempo seguramente harán justo lo que tu hiciste. Tarde o temprano se darán cuenta, se toparan con algo similar y no podrán acudir a ti porque les ocultaste la verdad.

3. Nos aterra que cometan errores en el área de su sexualidad:

Temas como relaciones sexuales, masturbación, homosexualidad, embarazo sin planear y cosas así simplemente nos paralizan porque muy probablemente tuvimos alguna dificultad en esa área. Muchos padres sienten un alivio al saber que ese tipo de cosas las aprenderán con gente “especializada” en el tema en alguna conferencia. Simplemente, le sacamos la vuelta. Cedes tu derecho de sembrar en la vida de tus hijos a alguien desconocido que tiene muchos títulos colgados en la pared de su oficina pensando que sabe más y mejor que tú. El construir un desarrollo sexual limpio y sano en la vida de tus hijos –identidad sexual, disfrutar de sus etapas de madurez, relacionarse íntimamente con el sexo opuesto, plenitud en las relaciones sexuales y más temas como estos- son asuntos de los que puedes y debes hablar con libertad porque los conoces, has pasado por ahí , los estas viviendo en este momento y porque eres capaz de cambiar lo que estés haciendo mal en estas áreas. ¿Sabes que tus hijos en realidad se sienten más a gusto de hablar de estos temas contigo en lugar de hacerlo con cualquier otra persona? ¡A ti te aman y tu los amas! Lo que pasa es que ocultas tantas cosas, te pones tan nervioso o lo haces tan complicado que se dan por vencidos y mejor buscan información por fuera.

¿Qué debo hacer?

• Aprópiate de tu identidad de padre dando protección, dirección, ánimo y reprensión cuando sea necesario.
• Acepta tus errores pasados y descubre la razón por la cual los cometiste. Ese descubrimiento será una maravillosa colección de herramientas para la vida de tus hijos.
• Visualiza a tus hijos en 10 años y comienza a construir esa visión día a día.
• No te muevas sobre la plataforma del miedo sino sobre la del amor a la vida, a la paz, a la sabiduría y claro…a tus hijos.
• Sé genuino, sé veraz, sé congruente…sé libre.

Un gran regalo que la vida le ha dado a tus hijos es no tener que despegar desde el suelo, están destinados a despegar a partir de tus hombros. ¡De ahí para arriba ya son nuevas alturas!

No tengas temor, estás hecho para cumplir con esta misión y tus hijos lo que necesitan es que tú lo puedas entender.

Recuerda que estamos levantando una generación distinta y eso requiere que el primero en transformarse seas tú.

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