Equilibrio cuando educas en casa

Cecilia Arévalo Educación sin Escuela 4 Comentarios

Encontrar el equilibrio es uno de los asuntos más difíciles con los que tiene que lidiar una mamá y un papá.
Hay tantas teorías, tantos escritos, tantas posturas, tantas historias de fracaso y éxito y tantas preguntas volando por nuestra cabeza que es difícil saber donde posicionarnos con el balance perfecto para no caernos y no hacer caer a nadie.
¡Todos mis hijos son tan distintos y al mismo tiempo tan parecidos! ¡Llegan momentos de caos y desorden que a veces no se ni por donde empezar! Hay días en que quiero abrazarlos, besarlos y hablarles dulcemente a todos, pero también hay días que me encantaría simplemente quitarles las pilas a todos y guardarlas en un cajón para que nadie las encontrara.
¿Dónde esta el equilibrio? ¿Cuándo hablarles con firmeza y cuando con ternura? ¿Cuándo dejar que las cosas caigan por su propio peso y cuando las aviento yo todas?
Se que tienes muchas preguntas parecidas a las mías.
Si estas leyendo esto, lo más probable es que tienes la intención de aportar a tus hijos buenos recursos de vida. Lo que tenemos en mente la inmensa mayoría de los padres es criar hijos fuertes, sanos, sabios y con mejores recursos que los nuestros para enfrentar un mundo difícil. Todos tenemos parámetros de comparación, empezando por la crianza que nos dieron nuestros propios padres con su ausencia o su presencia.

No tengo ni pretendo tener todas las respuestas pero he encontrado algunas que creo te pueden servir:

1. Determina lo que quieres lograr. Es evidente que aquí el fin no justifica los medios pero también es evidente que si no te aplicas en construir lo que has determinado es difícil que lo alcances. Muchas mesas de discusión se han montado alrededor del tema de la exigencia entre padres, entrenadores y maestros sobre los niños, sobre todo si se trata de temas populares como la música, los deportes y el conocimiento académico. Es bien sabido de los tremendos éxitos que logran los chicos que han sido sometidos a estrictos regímenes de enseñanza, entrenamiento o alimentación. Las niñas en China son apartadas de sus padres desde muy pequeñas para vivir bajo la tutoría de entrenadores especializados que en pocos años las hacen triunfar en los campeonatos mundiales y todo el mundo las aclama. Les dan medallas, dinero, contratos con productos deportivos y un ratito de fama. Muchos virtuosos de la música han empezado con severas disciplinas desde pequeñitos y eso les hace lograr fama mundial. El problema aquí es que casi a ninguno de estos niños les han preguntado si eso era lo que querían hacer de su vida. Ha sido decisión de sus padres, del gobierno o ve tu a saber de quien. Creo que lo que enriquece enormemente el proyecto que puedes desarrollar en casa es que se trata de un trabajo conjunto, en donde los padres no tratan de imponer sus intereses personales, ni tampoco los niños, sino que al pasar el tiempo, en la vida cotidiana y trabajo diario, van saliendo a la luz habilidades, inquietudes e ideales que van tomando forma cada vez más definida y que toda la familia trabaja para construir eso. Nadie nace sabiendo cual será su proyecto de vida. Es una cuestión que va emergiendo de entre las sombras de nuestros pensamientos paulatinamente y a velocidad variable. Los padres descubren a sus hijos, los hijos descubren a sus padres, los padres se descubren a sí mismos y ayudan a sus hijos a descubrirse ellos mismo. Nada esta definido al principio pero se va definiendo con el tiempo. Ese descubrimiento constante es el que debe determinar tu equilibrio. Tu descubrirás que tienes hijos con grandes sueños pero poca estructura y tu se la puedes dar. También descubrirás hijos con mucha estructura y pocos sueños pero tu se los puedes dar. Tu debes estar preparado(a) para todo y eso es lo que te dará el empuje, la rigidez o la flexibilidad con la que te vas a manejar. No lo va a determinar tu propia crianza ni los estándares que ha impuesto el lugar en donde vives. Lo va a determinar lo que quieras lograr.

2. Observa muy bien. Una vez una mamá me dijo: “Si quiero que mi hijo me haga caso cuando le doy una orden necesito pedírselo de la mejor manera. Si se lo digo de mala gana o alzando la voz él no me hace caso, pero si se lo digo de manera cariñosa seguramente obedecerá”. Y era cierto… yo lo pude constatar. Su hijo reaccionaba mucho mejor con un buen trato. No siempre les vas a hablar a tus hijos como si les estuvieras cantando una canción de cuna pero esas palabras me hicieron meditar por varios días. Te propongo algo. Dedícate un día completo a observar cómo pides las cosas, cómo das instrucciones, cómo enseñas algo nuevo, cuántas veces repites lo mismo, en qué tono lo haces, cuánto énfasis le pones a tus palabras y qué resultados obtienes. Como buena mamá profesional, experimenta con ciertas frases y registra tus resultados. Te darás cuenta de que las palabras que usas, el momento en que las dices y el énfasis que le pones son determinantes para obtener lo que buscas. Imagina que cada orden o instrucción que sale de tu boca es como una bala. Si preparas bien tu tiro (palabras adecuadas, tono perfecto, instrucciones claras y disposición para revisar el trabajo terminado) entonces esa bala dará justo en el blanco y cumplirá con su cometido. El problema es que solemos “echar balazos” a diestra y siniestra que salen disparados por todos lados, agujerando cabezas, corazones, paredes, muebles… rebotando aquí y allá. Disparas un montón de ordenes, muy pocas dan en el blanco, la mayoría daña el entorno y la que le cae de rebote a alguien que ni le tocaba es el que viene obedeciendo ¡sólo porque se le ocurrió atravesarse por ahí sin deberla ni temerla!. Los hijos a quienes les gusta evitar los conflictos y mostrar más responsabilidad son lo que vienen cumpliendo con la petición que se le hizo a otro. Las palabras precisas y bien acomodadas que usa una madre o un padre suelen ser el aceite que lubrica el hermoso engranaje de un proyecto familiar que trasciende.

3. No tengas miedo. Una de las características que más puedo observar en los padres de hoy es el temor. Tenemos miedo de “ser demasiado”. Demasiado estrictos, condescendientes, tacaños, jóvenes, pobres, sucios, inexpertos, abusivos, intolerantes y … demasiado parecidos a nuestros propios padres. Piensa en las decisiones que has tomado hasta hoy, ya siendo padre, y cuenta cuantas de ellas fueron tomadas en base al miedo. No los vacunas porque tienes miedo a que se enfermen, no les exiges porque tienes miedo a que se traumen o se enojen contigo, les das todo porque no quieres que sufran lo que tu sufriste, no los llevas a la escuela porque temes al bulliyng y la lista puede seguir… Es importante que determines tu vida y la de tus hijos en base al amor que les tienes y no al miedo. Debes determinar en tu mente que tus hijos no van a la escuela porque tienes algo mucho mejor que ofrecerles aprendiendo con ellos en casa y no porque temes al acoso escolar. El amor debe superar al temor. Yo he cometido muchos errores. Tu estas cometiendo muchos errores hoy y lo más seguro es que habrá otros que cometas mañana, ¿y?…. todos esos errores que cometes hoy, si están fundamentados en el amor a tus hijos, en el verdadero amor a tus hijos, serán transformados en buenas enseñanzas. Tus hijos deben aprender a transformar eso en enseñanzas de vida. Tú debes aprender a transformar eso en enseñanzas de vida. Si te dejas atrapar por el miedo, te vas a quedar estancado en tu propia miseria de culpa y tus hijos van a crecer así también: llenos de culpa. Si puedes identificar aspectos que debas cambiar, ¡cámbialos!. El orgullo suele venir disfrazado de miedo y nos suele confundir mucho. Pregunta, indaga, cambia, restaura lo dañado y síguele. Eso es ser un padre equilibrado. Párate sobre tu propia plataforma de amor a los tuyos y eso le dará autenticidad a lo que haces. Ese amor es el que te hará tener auto-control y valor para enfrentar lo que venga. Ese amor es el que te proporcionará equilibrio y confianza. Ese amor es el que le dará identidad a los tuyos de tal manera que nadie los podrá engañar ni hacerlos tambalear. Del tipo de amor del que estoy hablando no es una emoción tierna que aparece en cuanto sabes que estás embarazada, es la decisión que tomas en todo tu ser de cuidar, proteger, dirigir, levantar, proveer y criar a otra persona hasta que llegue a la plenitud de su vida y sea independiente. Es un amor firme, fuerte, cálido y seguro que representa el motor de todo lo que decides, haces y proyectas. Ese es el amor que construye.

Los hijos deben llegar a nuestra vida cuando somos maduros. Maduros física, mental y emocionalmente. Cuando estamos completos y plenos. Deben llegar en ese tiempo porque entonces estarás listo para suplir todas sus necesidades. ¡Nuestros hijos no suplen nuestras carencias, nosotros suplimos las de ellos! ¡Nuestros hijos no vienen a dar luz a nuestra vida, nosotros le damos luz a la suya!. Claro que nos alegran, nos enriquecen y nos dan una nueva perspectiva pero no le dan estructura a nuestra vida. Cuando no entendemos esto aparecen situaciones difíciles: descuidamos nuestra salud, vivimos cansados, tratamos a los hijos mejor que al esposo(a), caemos en depresión cuando los hijos se van, nos sentimos ofendidos cuando toman sus propias decisiones y se nos acaba la vida cuando nos quedamos solos en casa. ¿No te pasó eso con tus propios padres?

El equilibrio lo encuentras tú. No lo compras, no lo lees en un libro y no lo pones a funcionar como un muñeco de cuerda. Es tuyo. Tú lo construyes y tú lo mantienes.
Escucha tu intuición, acrecenta tus habilidades y… ¡manos a la obra!

Comentarios 4

  1. Ma Guadalupe

    Ceci, muchas gracias por compartir, yo tengo poco tiempo 3 años de haber iniciado con mis tres hijas la educación sin escuela y lo que mas me sale a relucir son “mis miedos” y las dudas de si lo estaré haciendo bien o no.
    La información que compartes es de gran ayuda.

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      Cecilia Arévalo

      Me alegro mucho de que esto de verdad sea útil. Animo porque todavía tienes micho que sembrar y cosechar y te aseguro que la cosecha suele ser muy buena!!!

  2. Karla R.

    Cecilia, hola otra vez. Estas palabras me ha venido como caídas del cielo, esto es a lo que te referías cuando me hablabas del equilibrio, en respuesta al comentario que hice al post de la adolescencia, verdad? Tienes toda la razón, hoy he aclarado tantas cosas, gracias mil gracias, no sabes como me gustaría tenerte enfrente y poder darte un abrazo.
    Y como bien dices, me pondre “manos a la obra” la obra más maravillosa que la vida me a regalado, mis hijos, mi familia, hoy tengo más claro que quiero. Pues ya se me han pasado muchos años, no puedo dejar pasar más.
    Un beso con abrazo, desde México.

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