¿Alguna vez me has mentido mamá?

Cecilia Arévalo Fundamentos para la Vida en Familia 5 Comentarios

Eso fue lo que me preguntó mi hijo más pequeño hace unos días.
Lo dijo después de que le pregunté si se había lavado los dientes antes de ir a la cama. No es poco común que un niño pequeño te quiera mentir diciendo que ya se los lavó cuando en realidad no lo hizo.
Puse mi mirada directamente en sus dos ojitos y le dije con muchas seguridad…. “no, nunca te he mentido y nunca lo voy a hacer”.
Él pudo distinguir con mucha facilidad la profundidad de lo que le estaba diciendo en ese momento y sin decir más corrió al baño a buscar su cepillo de dientes.

¿Con cuánta verdad sueles comunicarte con tus hijos?
En esta época de regalos y de la “magia de la navidad” los padres suelen mentirle a sus hijos acerca de Santa Claus, los Reyes Magos o cualquier cosa por el estilo. Muchos padres creen sinceramente que es parte de una niñez feliz vivir en ese mundo irreal y que los niños desarrollan su creatividad pensando así. Yo no creo que ningún padre haga esto para dañar a sus hijos, al contrario, creo que lo hacen pensando que es lo mejor para ellos pero quiero compartirte algunas cosas que he aprendido al respecto:

Si quieres tener una relación profunda con tus hijos debes decidirte por construir una plataforma de confianza.

Pocos son los padres que no quieren ver hijos felices, sanos y libres. Muchos de nosotros realmente nos invertimos en eso pero a veces nuestro entorno nos atrapa. Si lo que buscamos para nuestros hijos es un crecimiento armónico y congruente con su identidad no es necesario confundir fantasía con mentira. Si tu intención es que tu hijo imagine mundos increíbles, eso esta bien, pero no se necesita mucho para lograrlo porque ellos son así por naturaleza: creativos, inquietos, propositivos e ingeniosos. ¿Porque entonces nos tendríamos que empeñar en seguir construyendo escenarios fantásticos forzados como si su niñez dependiera de ello? La niñez es mucho más que Santa y sus duendes. De hecho creo que nos preocupamos tanto por las migajas y perdemos de vista lo importante porque somos capaces de permitir que nuestros chicos vean cómo un asesino le revienta la cabeza a otra persona en un videojuego para adultos pero al mismo tiempo nos molestamos porque alguien tiene la indiscreción de mencionar que Santa Claus no existe frente a ellos rompiéndoles el corazón en mil pedazos… ¿qué no sería al revés, que la violencia y la injusticia fueran el verdadero daño a su niñez? No somos congruentes. Solemos exigir a nuestros líderes y autoridades transparencia y verdad pero nosotros no la damos ni en los niveles más rudimentarios. ¿Acaso ser niño es lo mismo que ser tonto y eso es lo mismo que ser feliz? Entonces… ¿ser adulto es malo, triste o aburrido? Para muchos sí pero entonces lo que necesitas cambiar es tu visión de la vida porque el crecimiento y la madurez es un privilegio, no un castigo. Crecer es convertirte día a día en una persona más útil e independiente, lista para producir más vida. Háblales con verdad a tus hijos. Se merecen ese respeto de tu parte. La verdad es algo que todos buscamos saber en algún momento de nuestras vidas y en realidad… la verdad te hace libre. La búsqueda de la verdad es un propósito que deberíamos tener todos desde lo más profundo del corazón. La verdad del universo, la verdad de la materia, del espíritu, de la muerte, de la vida, de las enfermedades, de la las religiones, la verdad del porqué estas aquí y hacia dónde vas, la verdad de tu origen… ¡la verdad de tantas cosas! ¿Cómo podrán aprender tus hijos a exigir la verdad si tu les mentiste durante toda su niñez? Construye una relación sólida entre tú y tus hijos. Hablar con verdad requerirá de ti mucha más congruencia y valor de lo que probablemente quieras pero te aseguro que vale la pena, sobre todo si eres de los padres que dice amar a sus hijos y dar todo por ellos.


Es mucho más útil que tus hijos aprendan a tener gratitud con personas reales que con personajes ficticios.

He visto padres trabajar duro todo el año para poder comprarle a sus hijos lo que sale en la televisión. Se esfuerzan por hacerlo de la manera más discreta para que los pequeños crean que fue Santa en su adorable trineo el que les trajo todo lo que su corazón deseó, y lo hizo de manera milagrosa, en una sola noche, sin hacer ruido y sin dejar rastro alguno de su vista… ¡no es increíble! ¡Santa es maravilloso! ¿Y los padres?… endeudados y desvelados pero felices de ver como sus hijos emocionados abren los regalos y agradecen su alegría a alguien que no existe. Eres tú, papá y mamá el que te esforzaste todo el año trabajando para comprarles ropa, comida y regalos. Eres tú el que los ama tanto que te gozas viendo sus caritas de emoción recibiendo lo que querían. Eres tú también el que les enseña a honrar a quien no lo merece y admirar a los ajenos en lugar de a los de adentro. En realidad un niño debería ponerse más feliz de recibir un regalo de su padre, porque lo ama y tiene un vínculo con él, que de un anciano extraño. La gratitud se desarrolla desde la conciencia. No naces siendo agradecido, lo aprendes en el camino y entre más temprano lo aprendas más sabio serás y mejores frutos darás. No dejes que un cuento comercial te robe lo que te pertenece. Esto no significa que tus hijos deban hincarse y besarte la mano cada vez que les das un bien, solo significa que tu identidad de padre te posiciona en el lugar que te corresponde y el resto de la familia ama tu liderazgo mostrándose agradecidos. Ser agradecidos con un hombre barbudo y bonachón que nunca comete errores porque es un ser ficticio es muy fácil pero ser agradecido con una persona de carne y hueso, que todos los días lidia con sus propias luchas y que también dirige el proyecto familiar es mucho más difícil pero es evidencia de verdadero amor y compromiso. Un niño que no aprende a ser agradecido crecerá como un joven insatisfecho, para después convertirse en un adulto sin propósito en la vida. Así de importante es la gratitud.


La creatividad y la fantasía no se limitan diciendo la verdad.

¡Hay tantas cosas que podemos hacer para manifestar y alentar la creatividad! Pensar que alguien viene a regalarte algo por haberte portado bien en realidad es algo bastante aburrido porque pasa todos los años a la misma hora y de la misma manera aunque te portes mal. Fantástico es que recibas un regalo cuando no es navidad, ni tu cumpleaños ni tu graduación. Fantástico es inventar cosas, imaginar que hay otros mundos, leer cuentos, inventar juegos, ir al teatro, viajar, conocer gente especial, aliviar el dolor de otros, crear soluciones, contar chistes, jugar con tierra, disfrazarse, coleccionar cosas, bailar, componer canciones, jugar con tu perro, hacer bromas divertidas, andar en bicicleta, pintarte la cara, soñar, comer… ¡tantas cosas…! ¿por qué pensamos que los Reyes Magos son los únicos que nos pueden librar de la cotidianidad? ¡Con solo pensar así dejamos de ser fantásticos!


No compres la buena conducta de tus hijos con regalos.

Hace poco uno de mis hijos me mostró una aplicación gratuita que cualquiera puede bajar de internet. Esta aplicación consistía en enviarle a tu hijo o hija un video prediseñado con imágenes de Santa en su taller interrumpiendo su trabajo para darle un saludo a tu hijo. Podías hacer que Santa mencionara su nombre, le dijera lo que todos esperan de él –hacer bien su tarea, dejar el chupón, no pelear con sus hermanos, etc. – y terminara mencionando el gran regalo que le traería si tan solo hacia caso a esa instrucción. Me alegró ver la buena calidad de las aplicaciones gratuitas que circulan hoy en la web pero al mismo tiempo me entristeció que los padres usemos ese tipo de “artimañas” para conseguir buenas actitudes en los niños. Es impactante ver que preferimos buenas calificaciones en lugar de verdadero aprendizaje, un buen trabajo en lugar de identidad, una esposa con buen cuerpo en lugar de una inteligente y amorosa o un título universitario en lugar de propósito de vida. Lograr que tus hijos se lleven bien con sus hermanos, que colaboren en la limpieza de la casa, que escuchen tus instrucciones y las sigan, que prefieran sabiduría en vez de riqueza y que sean respetuosos y productivos no es algo que construyes con un regalo en navidad. Sus pequeñas e inmaduras mentes podrán ser manipuladas por algún tiempo mientras son pequeños pero después, al paso de los años, se darán cuenta de que la vida real no es así. Esa es la razón por la que el despertar de sus hormonas en la pubertad se manifiesta con rebeldía y falta de confianza en tus decisiones. ¡Se dieron cuenta de que no tienes un plan! Se enteraron de que te la pasas imitando al resto y de que te dedicas a improvisar para salir adelante. Nunca les enseñaste como lidiar con sus propias emociones, nunca les mostraste lo valioso que es colaborar con la comunidad, respetar al peatón, apartar un tiempo para la persona que amas y proteger a los ancianos sólo por amor a la vida misma y no por recibir algún regalo. Solo les enseñaste a hacer las cosas “bien” para recibir algo.


Enséñale a tus hijos que es mejor dar que recibir.

Recibir es lindo, muy lindo pero es mejor dar. Los humanos, como muchos otros seres vivos, cuando nacemos necesitamos que suplan nuestras necesidades. Necesitamos que nos protejan, que nos alimenten, que nos abriguen y que nos den atención. Es un tiempo de recibir solamente. Al crecer eso va cambiando. Dejamos lentamente de ser sólo consumidores para convertirnos en productores. Dar supone mayor satisfacción porque implica saber más, tener más capacidad, más fuerza, más visión… solucionar cosas, aliviar, proveer, administrar y gozarte haciéndolo. Un hijo que aprende a dar ya ganó una gran ventaja para el resto de su vida porque no habrá ningún bien material, por más reluciente que sea, que lo pueda esclavizar.


No caigas en la trampa de la mercadotecnia.

En realidad no sé si hubo un Nicolás en la antigüedad que hizo mucho bien o si fueron 3 Reyes Magos o 20. Lo que sí se con mucha seguridad es que la economía de las familias se mueve diferente cada fin de año y lo que debería ser un buen comienzo en enero es en realidad un asunto de deudas y dificultades. No te dejes engañar por la presión de lo cotidiano.


Enséñales a tus hijos que tu amor va mucho más allá que el de cualquiera.

Un niño bien amado, acompañado, acariciado, protegido y direccionado no necesita del amor de ningún extraño, es más, se siente sorprendido de que alguien de fuera quiera venir a darle lo que ya tiene con sus padres y sus hermanos.


Cuando crezcan sabrán en quién confiar.

No quiero que mis palabras te hagan creer que estoy dándole más poder a las mentiras de lo que tienen. De hecho, hermosas historias reales han girado alrededor de una mentira como la famosa película de Roberto Benigni, “La vida es bella” donde un padre usa su fértil imaginación para proteger a su hijo. Lo que quiero decir es que tus hijos deben saber que siempre contarán contigo para que les digas la verdad. Es común que los padres subestimemos la inteligencia de nuestros hijos pensando que no se dan cuenta de algunas situaciones o asuntos. La muerte, los problemas y el sexo son asuntos de la vida diaria, no hay razón valida para mentirles si ellos preguntan. Siempre con sabiduría y sobre la plataforma del amor. Siempre sacando la mejor lección de todo asunto. Siempre buscando el bien común. Si un hijo pregunta quiere decir que está listo para saber, a su medida y a su profundidad (¡no mas!) pero está listo. Permíteles crecer armónicamente. Permíteles conocerte. Es muy poderosa la vida de un padre o una madre que siempre se portó como un libro abierto delante de sus hijos porque te exige congruencia. Hablar con la verdad te da autoridad para dirigir, libertad para corregir errores y certeza de que tus hijos te amaran por lo que eres, no por lo que aparentas ser.


Dar y recibir no están limitados a una fecha.

Los orfanatos, los asilos y los hospitales están llenos de música y regalos en navidad pero el resto del año nadie se acuerda de ellos. Nos movemos en base a la culpa y a la costumbre pero difícilmente nos detenemos a reflexionar si haríamos lo mismo en otras circunstancias. ¿Por qué solemos regalarnos cosas en celebraciones de cumpleaños o aniversarios? Sólo por costumbre porque si fuera por cariño lo haríamos en cualquier fecha y ocasión. Decidan como familia tener la libertad de dar o recibir unicamente por el privilegio de hacerlo y no por la presión del ambiente.

Estoy convencida de que en realidad no importa mucho si tus hijos creen en el Ratón de los Dientes o en Juan Pestañas pero definitivamente sí creo que importa muchísimo lo que opinen de tí.
Tú eres justo lo que necesitan para alcanzar su propio brillo.
No te agobies… contruye lo que te has determinado construír en sus vidas.
Y si se dan cuenta de que Santa Claus no existe… no te preocupes… no han perdido nada.

Comentarios 5

    1. Post
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  1. Mary T.

    Saludos Cecy!!
    Hasta que me siento comprendida!! Desde que era bebita nuestra hija decidimos no construir mentiras. Para que no pensaran que por “codos” no le dabamos regalo, cada año ponemos bajo el árbol sus presentes, incluso se los damos antes, si es que no celebraremos en casa. Siempre hay sonrisas y gratitud. Y una gran confianza. Siempre mis hijas han respetado a los niños que si creen, porque les fomentamos el que “solo sus padres deciden como y cuando les daran esa información”. Este año incluso acordamos con la hija mayor que esperaremos algunos dias mas para elegir un regalo, porque así ahorraremos hasta un 30%. Ella muchas veces me ha dado las gracias por hablarle con la verdad. Y coincido con que este consumismo desmedido forma corazones egoistas. Fomentar el ” dar” es importantisimo para formar su caracter. Abrazos Cecy!! Un placer leerte!

    1. Post
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      Cecilia Arévalo

      Gracias Mary.
      Hace algunos días, cuando estaba escribiendo este artículo, uno de mis hijos pasó junto a mi y se me ocurrió preguntarle si a él le pareció bien saber desde pequeño que yo y su papá éramos los que le hacíamos regalos en Navidad. Me contestó sin tardarse: “Mamá, gracias por siempre decirnos la verdad. ¡No sabes cuanta confianza me ha dado eso!. Dichas esas palabras seguí escribiendo…
      Un saludo Mary.

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